Del Oficio (IV)
La concisión, la economía de recursos, aunque no el laconismo, también pueden ser vistas como virtudes al momento de escribir. Puede haber en ello una influencia borgeana. Una más. Siempre se recuerda esa sentencia que, creo, está en el prólogo de “Ficciones”: “Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros; el de explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos”.
La concisión o brevedad de cada uno de estos textos funciona como una invitación al lector y, por otro lado, plasma una noción del texto que omite, porque el espacio lo imposibilita pero, además, porque no corresponde a la idea, las descripciones exageradas, las atmósferas extenuantes, los formalismos asfixiantes. Se pretende así, de alguna forma, ir a lo central, eliminar lo accesorio, “limpiar” el texto; lo que, de alguna forma, como consecuencia, ha derivado en la impresión de una determinada dinámica y un ritmo o cadencia a los textos. Ello también influye, claro, en los aspectos formales, el tono o ritmo de la narración, la elección de la persona, y la puntuación y la entonación, recursos extraordinariamente importantes.
II
Muchas veces, en la dinámica de la práctica, uno va incorporando modismos, vicios o aptitudes o giros, de formas casi inconscientes; en parte, éstos se van reiterando o están sustentados en lecturas precedentes que se cuelan inconscientemente, pero con las cuales, por algo, uno se va sintiendo identificado. En todo caso, el estilo es una búsqueda permanente; en el mientras tanto uno puede trabajar desde su propio lugar de lector, y a partir de lo que espera de su texto: que sorprenda, que conmueva, que en lo formal o argumental resulte novedoso. Pero esto es obvio. Algo a considerar es lo que Roberto Cossa llama la aplicación del “oído para la acción dramática”. Es decir, una noción relacionada con la cadencia, con el ritmo, con la sonoridad y la puntuación, que es imprescindible para el acabado digno de un texto. Pero (la búsqueda del estilo) se diría que es como la utopía, es decir que, a cada paso que damos, el horizonte se nos desdibuja a la distancia. Igual, siempre se quiere ir más allá, pretender lo extraordinario.
Aunque luego el problema es desde dónde o desde quién escribimos; entonces, se avizora aquí un arduo equilibrio entre la admiración de los maestros y la necesidad simultánea de “matar al padre”; como si uno debiera, a la vez, leer y querer y admirar a los maestros, pero luego ir hacia otro lado, y dejar que su influencia sea como un bello recuerdo lejano…

14 de Octubre, 2009 - 8:51
Muy bueno, se nota tú capacidad intelectual, pero tendrías que poner un cartelito…”Leer únicamente los que estén preparados, sino nada entenderéis”.,a pesar de esto, que es simplemente un chistesito valiente, muy bueno.
7 de Diciembre, 2009 - 8:44
muy bueno tu nota ,me gusto es un place leer personas como tu intelectuales.
que tengas un buen comienzo de semana
22 de Febrero, 2010 - 22:38
Viene con retraso mi comentario, estuve poniendome al dia con sus anotaciones, como siempre sus inquietudes inquietan, siempre un placer leerlo.
A “los que no esten preparados” tambien invito a leerlo,
Saludos