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Divagaciones acerca del Gran Hermano

“Una soledad habitada, tal el sentido de nuestra condición social. Una soledad poblada de imágenes”.
 Leo Ferré (*)

I
Para suceder o explotar o desmadrarse, para ser, el hecho espera al medio. Sólo entonces el acontecimiento, deglutido, fraccionado, seccionado, editado, “creado”, apto para la reproducción, para el público, digerible aunque sea en dosis, trágico pero asimilable, tonto pero emocionante, repetido pero interesante, atroz pero irresistible, existe. La multiplicación, la explotación, en un continuo simultáneo, ininterrumpido, cíclico, infinito, intangible, ficcional, pasa a ser más importante que el hecho en sí.

II
Los medios determinan qué ha sucedido. Una “matriz”, concentrada, reducida, oscura, invisible, establece la agenda: fija lo importante; desecha lo baladí. Como por coerción impone su receta, que será emulada al infinito. Si no está en los medios, todavía no sucedió; si no aparece a la postre, nunca existió.
III
Los medios desmienten a los acontecimientos. Amonestan a la impúdica realidad que pretende suceder sin tener su transmisión, a esa obscenidad de acaecer sin una cámara; a la ignorancia de desconocer que, por fuera de la fórmula, nada ocurre.
IV
Los medios hacen que la justicia, lenta, engorrosa, dificultosa, burocrática sea, a través de ellos, veloz, espectacular, divertida, instantánea. Los medios encumbran ese imposible, la opinión pública, a una conciencia nacional, caprichosa, sobre temas que se desconocen, con métodos que se cuestionan, con opiniones que se vierten por acto reflejo.
V
Los medios castigan el silencio y la vacilación. Recompensan la impostura y la temeridad. Los medios otorgan impunidad; los medios no censuran la incontinencia verbal; los medios no recuerdan, no piden perdón, no se retractan: el show no tiene credos, vergüenza, consideraciones morales o cuestionamientos existenciales.
VI
Los medios lo interpretan todo. Señalan los alcances y la gravedad de lo que sucede; nos alertan o nos tranquilizan, nos dicen lo que sucede en nuestra cuadra, opinan sobre lo que pasa en nuestra casa; nos someten a su opinión sobre nosotros mismos.
VII
Todo lo que transmiten los medios se asimila como noticia, aunque no lo sea. Todas las noticias, por definición, deben ser entretenimiento, aunque o lo sean.

VIII
Los medios nos seducen, nos gritan, rellenan los rincones silenciosos, ahogan la incómoda soledad, colman el terrible aburrimiento. Los medios tienen legitimidad sólo por existir; los periodistas, sólo por estar. La historia, expectante, tras la observación de su primera versión, la de los medios, discurre. Los medios no necesitan de los hechos, ellos los engendran.

(*) “Los ídolos no existen” (1966). En revista Janus Núm. 4. Lib. Hachette.  

 

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