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Ciego blanco de papel

Para que el sueño me venza dibujando metáforas de tu figura, para intentar acallar esta abrasadora espera con el manto de la tinta vertida, escribo cada día con mecánica reiteración, con obsesa conducta, con un fin autocompasivo que se estrella en una nueva y silenciosa jornada. Para que tu mano presente me arrebate esta pluma temblorosa, para que la concreta razón de tu tacto me impida proseguir esta infértil construcción abstracta, todas las noches escribo, impulsado por el preclaro deseo de internarme en el ocaso junto a devotos, condenados y los que aguardan su sentencia o sencillamente, como yo, esperan.
Para que el aura de tu cuerpo me salve del aburrimiento de este pasquín, para que me devuelva el fuego que el cotidiano contacto con este ciego blanco me ha quitado, trago con fruición la sal del tiempo que nos separa apostando inocentemente a la composición de versos, axiomas y relatos divagantes.
Sólo cuando los ángeles trasnochados se apiadan de mis párpados perplejos de ver adioses, los etéreos -que desconocen la materia; el amor y la distancia- me ofrendan reposo y ecos difusos con tu imagen en entresueños. En ese útero que periódicamente altera la vigilia ansío estar a cada instante. Para alcanzarlo, juego a embriagar la conciencia con figuras retóricas y pensamientos desvariados, lecturas de madrugada, infusiones varias y proyectos imposibles. Agoto mis energías en caminatas errantes; hipótesis desmesuradas y “consideraciones intempestivas” pueblan el vacío de ese paseo nómade.
Escribo para confirmar que con cada palabra que enciendo se abolla el papel del tiempo; para que a esta rugosa hoja reemplace la ligera textura de tu piel, su gentil seda. Sólo la persistencia de tu olor, tu humedad alrededor, en el aire, justificará el desperdicio de este día en mi escritura y dará sentido a la inversión de los otros en imaginar cómo tu movimiento imprime al aire la naturaleza de una brisa y limpia la atmósfera viciada de tinta y tabaco que expulso como en una catarsis. Mientras me aplasta la fatiga en su mágico mundo inmaterial, en el inescrutable límite de los dos universos que el hombre visita, escribo que sueño y viceversa, para presentir que la inminencia de tu contacto me salvará finalmente del anodino opio de esta página, que cada día reescribo, mientras te espero, soñando.
(El Litoral, 2005)

 

1 comentario sobre “Ciego blanco de papel”

  1. Cazadora de instantes dijo:

    ….ummmm! y ahora cómo hago para seguir con mi novela ..palabras como seda, piel, tinta, lectura, aire, universo, pluma, tacto …tienen tanto que ver conmigo, o tal vez tengan que ver con todos. O con parte de ese todo. Ese es , al menos, mi deseo profundo.
    El que escribe, es un silencio en la noche; una soledad obsesiva bajo una lámpara encendida y tu texto me ha alucerado la memoria y me vinieron olvidados pentagramas, sencillas palabras de mi abuela, juegos que ya no se juegan, puertas que ya no pueden quedar abiertas y encendiste mi deseo de escribir sobre eso. Será antes de que me atrape “el ciego blanco de papel”. Como siempre, tu prosa me seduce.

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