Los chacales
Un amigo de cuyo nombre no quiero acordarme, Mariano Pereyra, dijo, dejó caer, interpreté que sostuvo, una noche perdida en la borrosa memoria, el 25 de agosto de 2008 a la 1.45, algo así como que el destino de todo tipo que escribe, el karma de los escritores, una de las tantas psicosis de las que podemos acusarlos es que, indefectiblemente, su naturaleza o personalidad lo llevarán a sentirse incómodo en cualquier lugar. Hablábamos, empujados por la frescura de la cebada, de gustos y de la colisión infame entre lo que se desea y la existencia del mercado de trabajo cuando, no recuerdo cómo, Mariano dijo, textualmente: “…un escritor es, finalmente, alguien que se siente incómodo en todos lados”.
Es una idea bien interesante y hasta comprobable empíricamente. Una idea no exenta de paradojas: imaginemos que el tipo huye y huye de la incomodidad y de los otros y, firme en su ansiada misantropía, se espanta una vez obtenida su soledad, porque en ella también se siente incómodo. Habrá quien sostenga que este comportamiento también puede catalogarse como una histeria.
Ahora que escribo, la misma noche u otra, lo recuerdo exactamente, Mariano dijo también que un escritor es un tipo que, en donde y con quien esté, diga lo que dijere, siempre está pensando qué puede usar o utilizar, de los sucesos de su vida, de la cotidianidad, de las lecturas, de los desamores, de las conversaciones casuales, para su propia obra o provecho. Siempre, en el fondo, está pensando en escribir, como el adicto en la próxima dosis; deviene así, por imperio de su hambre, de su sed, de su obseso deseo, en una suerte de chacal amoral que se alimenta de los otros y usufructúa con eso, pero no lo puede evitar. No sé bien en qué película de Woody Allen, en “Deconstructing Harry”, hay una idea similar. Harry usa aspectos de su vida como ficción y luego las personas de su vida, involucradas en sus historias, lo odian por eso.
Bien, así las cosas, el único deber “moral” de alguien que escribe, al decir de Capote, es consigo mismo, con su obra y con su yo, cosa que, a la postre, en teoría, en potencial, beneficiaría al lector. Ya ves, Mariano, yo también, aquí y ahora, estoy usando tus ideas, alimentándome de ellas, con copyright, eso sí; las tipeo con fruición y urgencia, metido en un bar infame, escapando de los niños en el hogar y de los jefes insufribles y de los colegas con demasiado tiempo libre. Igual, no puedo sino sospechar que, en el fondo, la explicación es que no me soporto a mí mismo y que no tengo ideas propias. ¿Será?

18 de Mayo, 2009 - 12:39 pm
Querido Estani:
Son pocos los que tienen ideas propias, creo que a esta altura debemos conformarnos con saber elegir entre las que existen y decirlas de otra manera, o con otras intenciones. Un tipo de mirada infinita lo dejó en claro al retratar a Pierre Menard.
Interpreto tus citas (en exceso respetuosas) hacia mis deslices de sofística literaria, como un noble acto de amistad y nada más. No soy original y creo que el derecho de posesión sobre esas ideas, por su tratamiento, es más tuyo que mío. Es más, algunos hombres mucho mas merecedores de cita como Maupassant, Nietzsche o Abdul Alhazred vivieron y reflexionaron sobre la incomodidad de modos más originales y militantes.
Como buen chacal, me alegra compartir con vos esos restos de realidad que guardamos para pelar hasta los huesos en nuestra soledad. Está claro, el germen de las historias que a veces logramos resolver en papel son pequeños plagios de la vida cotidiana y de sus, casi imperceptibles, acontecimientos extraordinarios.
Muchos somos los que huimos con ficciones o realidades irresueltas en la cabeza. Somos legión los que volcamos el resultado de elucubraciones pegajosas en páginas que nos alivian, pero son pocos, cada vez menos, los que tienen el loable gesto de compartir sin reparos el resultado de sus pensamientos más intensos. Algunos chacales devoramos solo para saciar nuestra voracidad, otros (los descarriados) trascienden a la jauría y ofrecen sus conquistas literarias en espacios de valor inusitado, por ejemplo, en una columna de domingo.
Un abrazo
18 de Mayo, 2009 - 12:52 pm
Estanislao, muy buen texto y mucha verdad en él!
Se me vino a la cabeza un fragmento de “Sobre la Televisión” de Pierre Bourdieu, que dice:
“El periodismo es una de las profesiones donde se encuentra a la gente más inquieta, insatisfecha, movediza o cínicamente resignada, donde se expresa muy comúnmente (sobre todo del costado de los dominados, evidentemente) la cólera, la repugnancia o el desencanto ante la realidad de un trabajo que se sigue viviendo o reivindicando como ‘diferente de los otros’”.
Si bien habla del periodismo, creo que también se puede aplicar a la literatura. Un abrazo!
20 de Mayo, 2009 - 2:06 pm
Estanislao: Desde el arranque cervantino a la continuidad borgiana “Los Chacales” me hizo emocionar, porque si el sofista de tu amigo es quien creo que es, nada está perdido cuando dos jóvenes pernoctan en profunda charla bohemia,como resultaba habitual entre los de mi generación en aquellas nocturnas setentista-perdón por la palabra- buscando el sentido de la vida y llegando a conclusiones que no por ser propias en su originalidad,le restan autenticidad,porque en esa mesa sin tapujos a dueto y sin testigos vuelcan generosamente sus pensamientos en deslices de sofística literaria, que para alguien como yo, aún se puede conmover.
Un abrazo. Pepe.
23 de Mayo, 2009 - 7:58 pm
El escritor se siente incomodo en todos lados. Y agrego: nunca lo puede (o si) solucionar…De hacerlo dejaria de ser escritor no?
Gran texto el de Estanislao y gran frase la de Mariano…Abrazo a mis dos ex profes…
25 de Mayo, 2009 - 9:38 pm
Me pone feliz que dos tipos de sus edades debatan, piensen, trabajen la retórica, no todo esta perdido si hay erística en tipos de 30 años más o menos. Muy buen texto. Abrazo.