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Una epifanía

“Ya casi no me hago falta” (Hugo Mujica).

“No hay entre los varones uno que sea libre” (Eurípides, citado en la “Poética” de Aristóteles).

I

La libertad puede ser, también, despertar a una pesadilla peor al encierro del que se sale. “The Matrix” (1999), de los hermanos Wachowski, es extraordinaria por muchos motivos. Uno de ellos es la presentación de un dilema de raigambre existencial que se le yergue al protagonista Neo (K. Reeves). Morpheus (Laurence Fishburne) ofrece, desde la sombra de su mirada, graves las pupilas detrás de lentes ahumados, dos posibilidades: una de ellas “despertará” a Neo, ¿de qué, a qué?: de la simulación, a la verdad; la otra le permitirá seguir, igual que ahora, una convencional existencia, lúcido en la creencia del orden de las cosas que ve y siente, sin recordar, por cierto, el episodio. Antes de la crucial elección, Morpheus reitera, severo: sólo ofrece verdad. De ese énfasis puede intuirse, sin mayor dificultad, que esa verdad latente no es otra cosa que tierra yerma.

En efecto, el espanto que sigue al despertar de Neo lo amedrenta, lo desconsuela, lo aterroriza. Aun elípticamente (nunca lo dice), sospecha que quizás hubiese sido mejor dejar todo como hasta ese momento: una suerte de feliz ignorancia. Pero la elección que toma no tiene la lógica de mensurar consecuencias; sólo sigue instintivamente su deseo.

En todo el argumento flota otra cuestión relacionada con la reflexión filosófica: lo que perciben nuestros sentidos ¿es lo real? En “The Matrix”, los sentidos humanos son engañados por programas de computación y, a menos que haya un rescate, como en el caso de Neo, nunca se sabrá. Una cárcel horrorosa se cierne sobre la humanidad, pero nadie lo sabe; algo así como el “no vemos que no vemos” de Von Foerster. La vida lastimosa del protagonista, que divaga en una vieja máquina escapando de infalibles sistemas para detectar fallas, sólo se justifica por la noción de la existencia de la ciudad de Sión, metáfora de la utopía o de la tierra prometida o de lo que fuera como horizonte o futuro, y por la posibilidad de destrucción del sistema imperante.

“Matrix”, además, implica otras preguntas: ¿estamos preparados para la verdad, cualesquiera sea la lectura que se desprenda del pesado término? ¿soportamos despertar a la verdad, aunque la verdad sea la nada, la inmolación, el llanto, la soledad?

II

Antes de la escena con Morpheus, la trabajosa actuación de Reeves pretende señalar otras cosas que sólo el acento del primero explican adecuadamente: palabras más, palabras menos, éste le dice: “Estás acá porque has tenido la intuición, desde siempre, de que hay algo que está mal con el mundo; no sabes qué es, pero allí está”. Más allá del resto de los guiños a cuestiones filosóficas y literarias que tiene el resto del guión, es justicia preguntarnos si, ante la evidencia de algo que no resulta, a propósito de una situación viciada de nulidad, imposible, inerte, desfallecida, seríamos capaces de arrojarnos a la verdad o no… Y una vez escogida la opción, vista la vasta extensión que nos circunda ¿nos arrepentiríamos? El aguardentoso vaho de la libertad, su pestilente materia que a la vez embriaga e intimida, puede implicar, así como el renacimiento, la nerviosa sensación de huir hacia la nada.

2 comentarios sobre “Una epifanía”

  1. fernanda dijo:

    hola pet, como siempre( o casi siempre asi no vagueas) hermoso, aunque quedo con una sensacion de miedo…no estoy segura si estoy preparada para toooda la verdad de este mundo, algo asi como “…el conocimiento nos hace responsables…” y es un poco fuerte no?
    un beso
    lafer

  2. Ana Maria Ojeda dijo:

    Gracias Estanislao por presentarme la pelicula.
    Sabés? esa no la vi. Y creo que sólo por pre-juicio. Como que era una más del cine que nos venden.
    Pero aún no habiéndola visto, puedo imaginar cada uno de los momentos a través de tu visión, y me has llevado a reflexionar mucho con esas preguntas existenciales, que de hecho, todos en algún momento nos hacemos y, que no tenemos otras muchas veces, la valentía de enfrentar, abrir los ojos, ver y llegar a contestarnos con toda sinceridad a nosotros mismos.
    Qué bueno lo tuyo!
    Un beso. Ana

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