Una epifanía
Lunes, 20 de Abril de 2009“Ya casi no me hago falta” (Hugo Mujica).
“No hay entre los varones uno que sea libre” (Eurípides, citado en la “Poética” de Aristóteles).
I
La libertad puede ser, también, despertar a una pesadilla peor al encierro del que se sale. “The Matrix” (1999), de los hermanos Wachowski, es extraordinaria por muchos motivos. Uno de ellos es la presentación de un dilema de raigambre existencial que se le yergue al protagonista Neo (K. Reeves). Morpheus (Laurence Fishburne) ofrece, desde la sombra de su mirada, graves las pupilas detrás de lentes ahumados, dos posibilidades: una de ellas “despertará” a Neo, ¿de qué, a qué?: de la simulación, a la verdad; la otra le permitirá seguir, igual que ahora, una convencional existencia, lúcido en la creencia del orden de las cosas que ve y siente, sin recordar, por cierto, el episodio. Antes de la crucial elección, Morpheus reitera, severo: sólo ofrece verdad. De ese énfasis puede intuirse, sin mayor dificultad, que esa verdad latente no es otra cosa que tierra yerma.

