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A fe ciega

I
“Creer para reventar”, “creer es reventar” ¿tal será la implicancia final de la fe poética? y ¿será algo más que esta suerte de infantil reformulación intertextual de la vieja antinomia? Reventar es un verbo un poco atroz ¿no?; pero creer es grave y expansivo. Claro que yo desligaría la creencia en tanto verdad de la cosa; pensemos en creer en el arte, por ejemplo, no en la terrible búsqueda metafísica.

II
Alguna vez tropecé con una hermosa observación del genial opiómano Samuel Taylor Coleridge. Decía el autor inglés de la “Biografía Literaria” que a los escritos poéticos es necesario darle “una apariencia de verdad suficiente para originar esas sombras de la imaginación, esa suspensión deliberada y momentánea de la incredulidad que constituye la fe poética”.
“Suspender la incredulidad”
es una bella idea que está implícita, creo, en toda observación del arte. El artista quiere convencer, persuadir, involucrar; uno, más o menos conscientemente, quiere verse seducido, transportado, sumergido, interpelado; como en estado de embriaguez por eso que se nos muestra.

 
También hay, allí, una idea que refiere a la sensibilidad individual: ¿puede usted, parecieran decir los artistas, por un momento, por unos momentos en los que dura la expectación, la lectura, la observación, creer en eso, profundamente?

III
Los dichos populares encierran a menudo interesantes tópicos, pero los usamos como al caminar, sin jamás preguntarnos cómo es que se produce ese andamiaje mecánico de nosotros los bípedos. Pensemos en “creer o reventar”: uno diría rápidamente que supone la oposición entre dos alternativas contrastantes frente a un fenómeno o acontecimiento que carece de una prueba explícita que lo sustente. Se recurre entonces a la fe, que es una categoría que implica la asunción o la negación de algo, sin que esa decisión esté soportada por “pruebas”, y que puede o no oponerse a la razón. Un poema, una película, una novela, quieren eso mismo, desde el laicismo de la estética, si se me permite la expresión, es decir, sólo merced a una moral del gusto, y pretenden arrastrarnos con recursos de toda índole hasta su misma médula. Apelan a nuestra sensibilidad para hundirnos o elevarnos, al acecho del que se sienta a juzgar lo que otros hacen, sin saber que, finalmente, el éxito de la empresa que sigue el que se apoltrona en una butaca depende de cuán áspera y dura sea la costra que apaga sus emociones.

1 comentario sobre “A fe ciega”

  1. Pupi Espinoza dijo:

    Impecable post, Estani, Felicitaciones en nombre de la “Fé poetica”.

    Desde el invierno holandés te mando un poco de fresco para la húmeda y mosquitosa capital de la provincia amada de Santa Fe.

    Saludos, Pupi Espinoza desde amsterdam.

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