A fe ciega
Lunes, 24 de Noviembre de 2008I
“Creer para reventar”, “creer es reventar” ¿tal será la implicancia final de la fe poética? y ¿será algo más que esta suerte de infantil reformulación intertextual de la vieja antinomia? Reventar es un verbo un poco atroz ¿no?; pero creer es grave y expansivo. Claro que yo desligaría la creencia en tanto verdad de la cosa; pensemos en creer en el arte, por ejemplo, no en la terrible búsqueda metafísica.
II
Alguna vez tropecé con una hermosa observación del genial opiómano Samuel Taylor Coleridge. Decía el autor inglés de la “Biografía Literaria” que a los escritos poéticos es necesario darle “una apariencia de verdad suficiente para originar esas sombras de la imaginación, esa suspensión deliberada y momentánea de la incredulidad que constituye la fe poética”.
“Suspender la incredulidad” es una bella idea que está implícita, creo, en toda observación del arte. El artista quiere convencer, persuadir, involucrar; uno, más o menos conscientemente, quiere verse seducido, transportado, sumergido, interpelado; como en estado de embriaguez por eso que se nos muestra.

