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Segundo diálogo sobre la espera

Se encuentran nuevamente, después de tanto. Así hablan:­
-¿Qué cínica idea te llevo a moldear a tu creatura a tu imagen y semejanza, para luego arrojarla al tiempo?­
-La idea de finitud es una idea natural en mi creatura; el sentido de ello es, por supuesto, que regrese a mí…­
-¿No pensaste en el sufrimiento inconcebible que eso acarrea?: en la vida terrenal tus agobiados seguidores pierden las fuerzas, los afectos, los recuerdos; todo, en fin. La sola idea del tiempo es macabra…­
-Mi creatura no podría ser inmortal; ello es privativo de mí y quizás de vos…­


-Eso no querrías. Pero ¿todavía no entendés que es necesario que haya un reverso?; la humanidad subsiste en una permanente tensión entre los dos rostros que toda cosa tiene: bueno, yo soy tu reverso.
-Bah, ese es tu concepto binario e infantil sobre el bien y el mal. Hay muchas más cosas en la tierra que la oscuridad y la luz, si me permitís abusar de estas figuras, tan humanas por cierto. Y otra cosa. Vos no sos mi reverso, apenas una deformación…­
-Ese sistema de oposiciones es lo que tu gente, allá abajo, proclama. Justamente, mi existencia se debe a los cientos de miles de resquicios grises o tonalidades de la luz existentes entre esas dos categorías: me alimento de las imperfecciones humanas lo mismo que una hiena o un parásito. Pero volvamos al tema de nuestro encuentro, ya que quizás pasen mil años hasta el próximo, o dos mil…­
-¿Ahora medís las cosas con la vara del tiempo humano?, es raro en alguien que lo critica amargamente…­
-Como sabés, esa invención tétrica que te pertenece ha servido mucho a mis intereses. Diríase que a mí no se me hubiera ocurrido algo tan siniestro. Vos no entendés que es una noción que produce desesperación entre tus seres. Ellos pasan la vida tratando de distraerse de esa certeza incontestable, quizás la única que tienen, que es que van a morir. Están hechos a imagen y semejanza tuya, a excepción de un pequeño detalle: la inmortalidad…­
-Ellos pueden y deben aspirar a la inmortalidad del alma. Sus actos propenden en una u otra dirección; y el sufrimiento es parte constitutiva de su humanidad. Además, entiendo que ese sufrimiento te beneficia…
-Sí claro, pero la promesa de vida eterna ni siquiera tranquiliza a los más creyentes. La verdad es que quiero entender, aunque te parezca absurdo. Incluso ellos sufren, más o menos explícitamente por esa sucesión que, dicen los humanos, es como un río…­
-Los humanos piensan mucho en el tiempo…­
-Por supuesto, es la materia de que están hechos: los físicos, por caso, entienden que es algo así como “una magnitud física que sirve para organizar eventos”.­
-Sí, es sólo una visión del asunto. La clave, piensan, es la idea de que el tiempo está compuesto por movimiento y espacio…­
-Ese griego tan famoso hablaba del tiempo como una “imagen móvil de la eternidad”. Está bien, incluso para una creatura tuya.­
-Sí, es una linda idea. A esto se puede contraponer esa imagen del tiempo vivido, que difiere por la subjetividad del que lo vive. Hay, además, esa postulación del tiempo como una ilimitada suspensión del presente; vos explotás esa idea de que no hay futuro… ­
-Es que no lo hay, efectivamente. Algunos poetas dicen que el tiempo es espera, que es arena, que es un río que arremete. En fin, tratan infructuosamente de vincularlo a fenómenos orgánicos o materiales, como una forma de asirlo o darle consistencia material. Pobres ilusos…­
-Hay otra idea clásica que reza algo así como que el tiempo está hecho de tiempo y que nosotros, o al menos yo, estoy fuera del tiempo…­
-Sí, bueno, ¿y la idea de que el tiempo es cíclico?. Si todo se repite a ciclos periódicos, tendrías que regresar, quizás prontamente…­
-Nunca me fui­
-Pero el hombre se siente solo…­
-¿Creés que voy a ser tan ingenuo de darte el gusto de que me halles nuevamente, como aquella vez en el desierto, en el cuerpo de un hombre?­
-Ellos te esperan, desesperadamente. Tu creación es un caos…­
-El hombre produjo el caos; así, él tendrá que salir de él. Quizás sólo falte tiempo.­
-Quizás lo que falta es, justamente, tiempo.­ La debacle final es inminente. Ellos, en pavura, se preguntan dónde estás … quiero saber cuándo nos volveremos a ver…
-­En cada combate por cada alma humana, todo el tiempo…
-Pero estamos fuera del tiempo
-Entonces la espera para vos no representa nada
-Para mí no: para tus seres es una tortura
-El que quiere hallarme, me halla
-Ellos necesitan más que ilusión y fe; esa consolación no alcanza.
-El que cree me tiene.
-¿Cuándo regresarás?
-El día que está estipulado, desde el comienzo.
-¿Cuándo es?
-Cuando sea, será.
-Pensá que yo tengo todo el no-tiempo del universo, pero la medida de la espera es el sufrimiento de los humanos.
-Ellos lo saben.
-Esperaré, una eternidad si es necesario.
-Así está escrito.
Han hablado, el diablo y Dios. ­Se retiran sin saludos ni ceremonias, sino más bien con la promesa de hallarse, de alguna manera, en la contienda sorda que se libra en cada uno de los cientos de millones de actos humanos de los miles de millones de seres que, sujetos de esa tensión, esperan.

 

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