Noctéglicos El Litoral.com

Diarios

 

1. Del irascible
No dejes pasar la rabia. No la pierdas. Guardala, así, indómita, expectante. Conservá la furia, la ira. Decí las palabras, escribilas, no les temas: matar… morir. Es fácil hacerlo ahora. Es sencillo ¿y después? Pero llegará el momento. Va a llegar. El momento. Llegará.

2. Del cobarde enamorado
Para manifestar esta perplejidad oculta y la poderosa intranquilidad que tu figura irradia sobre éstos, mis huesos tambaleantes, he elegido -como siempre- el camino más anónimo, el menos efectivo, el penoso ejercicio de la justificación. Apenas un triste efecto residual de lo que podría haber sido una acción. Te veo caminar por el pasillo cada mañana y cada mañana postergo los dictados de mi imaginación; entonces escribo pero, pobre idiota, este mundo no tolera a los sensibles: es de los pragmáticos, de los funcionalistas, de los efectistas, este mundo. A modo de consolación, entonces, vuelvo a tomar, una y otra vez, la pluma que gotea. Este amor que no digo, que trago, que no digiero, sólo sirve para tener, al menos, esta pulsión última. Pero va a terminar esta vergüenza. Terminará. Esta tristeza. Esta consolación inútil. Va a terminar.

3. Del desempleado
Un compañero me dijo hoy una frase terrible: nosotros, que languidecemos en estas horas huecas, impuestas por una diabólica maquinación sin responsables, somos la lacra de la modernidad, lo que sobra. Eso dijo. Hoy. Hace meses que no trabajo: 14, 21, 38… Pero voy a salir de este letargo, de esta desidia. Voy a salir. Y pregunto: ¿sobramos?, ¿no somos necesarios?, ¿no existimos?, pregunto. ¿Servimos?, me pregunto. Pero voy a hallar las respuestas. Pronto. Voy a saberlo. Voy a salir. Pronto.
4. Del suicida temeroso
Tiene que ser esta semana. Mañana, quizás. He demorado tanto la acción que me llama. Lo recuerdo: una noche aparecieron las preguntas para las que no tuve voz y las soluciones desvanecieron en la impericia propia; y la esperanza dilapidada devino hartazgo y la adrenalina de las mañanas se escurrió con la facultad de vivir que no desarrollé y en el otrora dulce aroma de la noche dejé de percibir una invitación y creí ver algo así como el epílogo amenazante. Nada hallé luego, más que la vívida sensación de girar en una espiral descendente. Pero voy superar el miedo, el terror, la cobardía. Voy a ir hacia allá, al desenlace que me convoca. Voy a quebrar la inercia, la inmovilidad. Voy a llegar. Al final; a la consumación.

5. Del ausente embravecido
Ahora, si han llegado hasta aquí ustedes, señores investigadores, concluirán que este cuaderno señala que éste que ha escrito, libraba malamente una batalla intestina. Ya no estoy aquí para ver sus caras de impostada consternación por no haberlo visto antes. Quizás sólo sirve decir lo siguiente: intenté controlar mi ira, sólo logré desviarla hacia mí mismo; pretendí, en vano, estallar la inercia de mi timidez para obtener el amor; no pude trabajar; pensé, erróneamente, que mi cobardía me inhibiría de hacerme daño. Pero fue más fuerte la desesperación. El ansia de dejar de girar en el vacío, el hambre de calma, fueron más fuertes. El llamado del silencio, lo fue. Ahora este cuaderno sirve, quizás, para dilucidar los porqués y los cómos y los peros.

 

1 comentario sobre “Diarios”

  1. Natalia dijo:

    Sentimientos que nos agobian… a muchos “sensibles” que nos sentimos “marginados” en este mundo… la impotencia que nos inhibe vivir y disfrutar… Pero es cierto, exhorcizar estas sensaciones, aunque sea para leernos o escucharnos a nosotros mismos es un buen comienzo.

Deje un comentario