Teísmo teórico
Escrito en Julio 7, 2009 por gozatusintoma
“Soñemos con lo que se desvanece, demorados por el simple encanto de las cosas’’.
Hace un tiempo Roberto Maurer me agasajó con una serie de presentes: el primero un paquete de té rojo “el té que tomaban los emperadores’’, dijo; un colador para utilizar a la hora de la preparación; y un pequeño libro -que resultó una joya- titulado “el libro del té’’ de Kakuzo Okakura.
Pensé que aquel librito me iba a enseñar a plantar variedad de “yuyos” y a seguir diversas etapas para la elaboración del elixir. Pero no! me dijo que el té es como una obra de arte, que puede ser mala o buena y que no hay recetas para el té perfecto. El pequeño libro de repente me presentó el teísmo, una filosofía, un culto que adora lo bello, que promueve la pureza y armonía, el misterio de la caridad mutua y el romanticismo como base del orden social (tomá mate!).
Antes de transformarse en bebida, el té fue conocido como medicina, luego ingresó al reino de la poesía como un pasatiempo elegante de la época, y en el siglo quince el Japón lo elevó al rango de religión estética.
“En el ámbar líquido que contiene en transparencia la porcelana el iniciado encuentra la dulce discreción de Confucio, la sutileza de Lao-tse y la fragancia celestial de Sakyamuni (Buda histórico)’’, promete una seductora combinación de filosofías, que en intempestivas impulsividades occidentales es difícil de practicar. Y aquí aparecen el taoísmo y el zenismo con un parentesco importante con el teísmo: el ceremonial del té es un desarrollo del ritual Zen y el taoísta toma al mundo tal como es e intenta descubrir la belleza, a pesar de las penas y desgracias.
“El taoísmo sentó las bases para una estética de lo cotidiano y el zenismo las llevó a la práctica’’, dice Okakura. Siempre en el mismo camino, en el de lo relativo: Laotsé dice: “Existe una cosa silenciosa y solitaria que lo contiene todo y que nació antes de que el cielo y la tierra existiesen. Existe por sí misma y es inmutable. Vuelve a sí misma y es la madre del universo. Como ignoro su nombre la llamo Sendero. Bien con mi sentimiento la llamo el Infinito, el Infinito es lo Fugitivo, lo Fugitivo es el Desvanecimiento, el Desvanecimiento es el Retorno’’.
Es la hora del té. Voy a hacer honor a mi occidentalismo con el saquito de té, ya que de este lado del universo con esfuerzos sobrehumanos podemos, de vez en cuando, degustar el tiempo.
PD: además es una bebida ideal en tiempos de distanciamiento social.
Si disfrutaste este post Subscribite al feed
Que bellza amiguita!! Se ha desvirtuado tanto una ceremónia tan sblíme.
Así da gusto.
Estás al horno… o en infusión, cinco minutos en agua sin hervir…