Bumbuna
Escrito en Diciembre 4, 2010 por gozatusintoma
Es difícil mirarla a los ojos, porque navega por otros lados mientras habla, le cuesta reposarse en la mirada del otro -capaz que sólo sobre la de los “ajenos”- prefiere el cielo o cualquier otro foco.
Está cansada. Se sentó bajo la sombra del único árbol que encontró en el camino, junto a un portón de hierro. Lleva una bolsa repleta de yuyos que le cedió la montaña, de donde viene, donde pertenece. Cada bolsita la vende a 2 pesos. Son los té de la vida: para el amor, el colesterol, la alegría, la angustia, el dolor de panza, de cabeza, de pies.
Cuando recojo alguna de las hierbas que lleva en su gastado bolso, la huelo y le preguntó para qué es, buscando alguna receta que alivie algún malestar, ella responde: “para todo, para todo’’.
Dice que se llama Bumbuna. Mi nombre le suena extraño, como a mí el suyo. Es difícil calcularle la edad, alrededor de 70 años tal vez, aunque esos rostros indígenas suelen sumar, castigados por los climas, los tiempos, las in/civilizaciones.
Dice que viene de la montaña, que sus hijos ya están grandes y viven solos, que lo de ser aborigen lo dejó hace mucho tiempo, cuando era joven. Habla pausado, con todo el tiempo del mundo, parece su ritmo cotidiano, no hay rastros de ansiedad en su carne.
Sus ojos brillan y miran para otro lado cuando pregunta: “¿Usted de quien cree que es todo esto?’’, con los brazos y las manos señala al cielo, a los cerros. La miro enternecida, su timidez/vergüenza/respeto me abruman. Le contesto convencida (a pesar de suponer lo que represento para ella): “de nadie”. El silencio es placentero, ya no es necesario tropezarse en él. Vuelve a recoger su pregunta algunas veces más, con la misma actitud y responde con humildad, con la cabeza gacha: “para mí, de nadie’’.
Un señor, que sale de la puerta de hierro que conduce a una plaza, interrumpe el diálogo. Lo saludo y le explico que llegué hasta ahí porque desde lo alto divisé esa plaza, que pretendo que sea mi próxima parada, que quiero entrar. “No se puede’’, me contesta y cierra la puerta con candado. Arriba un cartel reza “Propiedad parroquial’’. Bumbuna me mira y sonríe, con sabiduría, con resignación.
Las dos nos paramos para seguir el camino, cada uno el suyo, en ese mediodía de un sol intenso, con los cerros comiendo nubes, con las piedras de las calles y los pensamientos haciendo más lento el andar. Qué insoportables contrastes genera la propiedad privada en Iruya, ese sublime pueblo nacido en la montaña… y qué temibles contrastes genera también acá…
Pd:Bumbuna es el nombre de una palomita silvestre que se puede encontrar en Salta, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero. Conocida también como pumpuna, paloma de cola grande, paloma de la canela y pupa.
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