Flor de educación
Escrito en Septiembre 27, 2010 por gozatusintoma
No estoy segura en qué momento, cómo sucedió. Sé que había una mirada
presente, no recuerdo bien el tamaño de sus ojos: en una época solían ser inmensos, en otras parecían estar posados sobre otro escenario, pero igual estaban atentos. Había alguien ahí arriba, en picado, viéndolo todo, mirándolo todo, controlándolo todo.
Era muy pequeña cuando me hablaron del cielo y del infierno, cuando me
decían que todos éramos culpables desde antes de nacer, “con pecado
original’’lo titulaban. Era una miniatura cuando me obligaban a
confesarme todos los viernes en el mismísimo colegio en el que aprendí
la lista de oraciones que se repetían todos los días. Fue entre esas
paredes en las que, en el transcurso del tiempo y gracias a las
innumerables clases de catequesis, iba construyendo la imagen de ese
dios -escrito con mayúscula- que por la bondad de haberme creado me
podía mandar a las llamas.
En esos años de primaria y gracias a unas cejas gordas y canosas y a esa
mirada diabólica presente en algún rincón de la escuela todas las
mañanas, desarrollé mis primeros dotes de supervivencia. Sí, eran los
viernes, todos los viernes había que confesarse, era en la iglesia que
contenía la escuela o viceversa. Ibamos curso por curso, niño por
niño, al mismo confesionario donde el señor gordo envuelto en el poder
de la sotana absolvería tantos pecados de tantos niños pecadores. Muchos guardapolvos blancos, un poco incómodos y hasta con miedo, esperaban quietitos el turno.
Mientras transcurría el tiempo, sentada en el banco y vigilada por las
docentes, observaba, no entendía, cada compañerito que salía de esa caja de madera salía llorando, iba y se arrodillaba frente al altar, frente a la imagen de una virgen o del mismo Cristo y con la cabeza gacha demoraban en secar las lágrimas. No eran todos, pero tampoco uno o dos, eran algunos los que se retiraban perturbados, en llanto y
tantas veces eran también esos compañeros que desde tempranas
edades parecían saber qué querían.
Allí en la caja de madera dije mis primeras mentiras y probé burlar esos gigantes ojos rojos siempre de fondo: me arrodillaba frente a la madera agujereada y decía las palabras que había ensayado minutos atrás, las correctas para sortear el momento: “dije malas palabras’’, “me peleé con mi hermana’’, “le contesté mal a mi mamá’’ y eso. Sabía que lo que no podía decir es “falté a misa’’(un pecado mortal!), era el puntapié para el interrogatorio que me conduciría inevitablemente -a mí y a mis viejos- a las llamas del infierno, y quizá también al miedo, a la muerte, al castigo, al sufrimiento y seguramente al llanto.
Esa mirada se desvaneció, creo, y digo creo porque me parece por ahí
reconocerla en otras miradas, en esas que pretendo -intento y a veces consigo- que no afecten ni definan mi singularidad.

Variaciones sobre la culpa
(para distribuir en colegios religiosos)
Proverbio
No apartes tu piel del placer
déjala escabullirse en borbollones
a cada instante
que te sea prodigado.
No escuches a los profetas
de mirada extraviada
que intentan prohibirte
la gloria del pecado.
Acércate a él. Detente en sus
lugares prohibidos. Golpea
a la puerta de su casa. Una
humedad con antiguas reverberaciones
lúbricas te recibirá como al hijo pródigo.
No temas al castigo. Sólo sufrirás
si te permites la debilidad de
creer que has pecado.
Infierno
Habiendo comprendido
la íntima belleza del infierno,
las galerías interminables
iluminadas por los vahos del fuego
perenne y punitivo,
donde almas con fundamento
se niegan a retractarse
pagando precios insostenibles
por la acumulación de culpas
enrostradas
por los arquitectos de la falacia.
Conociendo, ahora sí,
los mapas internos urdidos por Vulcano
los crepitantes ramales
que sólo conducen a nuevas llamaradas
la geografía ardiente
denostada a los sacrílegos
no puedo sino agradecer
esta perennidad
este haberme permitido ingresar
y quedarme para siempre
en este presente sin tiempo
en la simiente de esta consagración
del pecado
que algunos llaman castigo eterno.
yo fui una de las víctimas de ese ser diabólico, que haciendonos creer que representaba a Dios, nos hacía cargo con solo 9 años, de los “pecados” de nuestros viejos. Nos lavó durante años el cerebro, cargándonos la mochila de “convertir” a nuestros padres… y como???? HACIENDO SACRIFICIOS!!!!!!!!!!!!!!!!! Una nena de nueve años tenía que subir las escaleras de rodillas, acomodar las cosas de tal o cual manera… porque sino..MI PAPA NO SE IBA A CONVERTIR Y SE IBA A MORIR E IRSE AL INFIERNO!!!!!!!!!!!!!!! Y esa nena de 9 años era RESPONSABLE de que su papá empezara a ir a misa, de que su papá no se muriera!!!
Salía de ese cajón de madera aterrada, llena de lágrimas en los ojos, viendo todo mi alrededor terriblemente oscuro, desesperada por ir corriendo a mi casa a rogarle a mi viejo que fuera a misa, impaciente por empezar a hacer los sacrificios que convertirían a mi papá y entonces, quizá, ocurriera un milagro y entonces… QUE BUENO!!, él NO SE MORIRIA!!!!!!
Hasta el día de hoy, esos mandatos aparecen en mi memoria: “nena, los sacrificios son necesario, para ser feliz, para ganarse el cielo… no mereces ser feliz si no hacés sacrificios, sólo con SACRIFICIOS se gana el cielo”
A ese gordo diabólico hoy le digo… “no te sirvieron de mucho tus PENITENCIAS h de p porque gracias a vos no piso mas una iglesia en mi vida!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Y como por arte de magia mi PAPA SIGUE VIVITO Y COLEANDO, y vos, gracias a Dios o a quien sea YA NO!!!!!!!!!!!!!!
AMEN
creo que si una ideologia,una creencia,una religion,genera tanto disguso y desacuerdo no se debería de perder tanto tiempo hablando sobre ella…o sera que no le es tan indiferente como intenta aparentar?quien basa su discurso en despotricar contra otro quizas no tenga mucho para decir sobre uno mismo..o quizas aquello en lo que decidio creer no tiene suficientes bondades como para hablar de ello…una humilde reflexion…
pienso que es todo lo contrario: que se tiene que hablar, gritar, decir, escribir, dibujar, psicoanalizar…con tal de ver primero y resolver despues la cantidad de castraciones a la que te ex/pone una religión, pero claro hay que verlo primero.
Estimada Lu: desde Freud para acá se sabe que hablar no es “perder el tiempo”, como usted desliza en su comentario. Justamente reflexionar sobre la historia, el pasado, los mandatos, las mochilas que cada uno carga, es lo que permite construir ese “uno mismo” al que usted alude. Excepto que se pretenda poner un manto de represión al asunto…
no creo que la religión sea na castradaroa compulsiva. Solo intenta( y no solo la católica )guiarnos un poco, indicarnos ciertas pautas de convivencia. No son mas que eso pautas de convivencias. Vivimos en una sociedad donde exigimos cosas, que no nos roben, que no nos maten, que no nos violen, que haya al menos un matrimonio donde no exista la infedilidad. Exigimos eso a los demás pero no a nosotros, porque nosotros somos libres y a religión te ata, te ata a respetar a plantearte que tan bien estas actuando, que hiciste para mejorar el mundo. Exijo … luego existo