Lejos del suelo

Escrito en Agosto 12, 2010 por gozatusintoma

“… No existe ningún medio que permita, a quien va de una altura a otra, evitar descender para volver a subir después con el absurdo de dos movimientos que se anulan, y el riesgo entre uno y otro de pisar los deshechos arrojados por las ventanas; cuanto más alto se vive, más sano es el espacio, pero más dura la caída; y cuando el ascensor lo ha dejado a usted abajo, lo condena a caminar en medio de todo lo que desde arriba uno no quería…’’
Y no quería caminar por las contradicciones que atraviesan la carne ante las posibilidades de más de un andar, por la asfixia de la monotonía cargada de rostros y subjetividades que maltratan y devastan la energía, por la locura de las ficciones mediocres, por la ola de complejos de inferioridad peligrosamente armados, por los egos lustrados y pulidos que no saben brillar.
No quería caminar por la celda cuadrada, pequeña, bajita; ni alimentar las tristes ansiedades, ni padecer los roles establecidos, ni las rutinas arraigadas. Tampoco soportar el dolor de cabeza, ni los tiempos condicionados, ni la abismal certeza.
Con la absoluta intención de no querer pisar el lugar común, el manual de estilo, lo correctamente político, la hipocresía ni la mentira, y tan solo por evitar la impotencia que genera habitar este frío, el de tantas almas que congelan hasta esos pies desnudos y andantes, que se depositan en ese suelo tortuoso y estéril porque jamás sabrán de otras posibilidades.
En la altura encuentro el escape, esa línea de fuga, un refugio, aire, cuando acá abajo cuesta tanto respirar… Aún con la certeza del golpe en la caída.

Pd: el entrecomillado está extraído del texto “En la soledad de los campos de algodón’’
del francés Bernard Marie Koltès, no se lo pierdan.

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5 Comentarios en “Lejos del suelo”

  1. Natalia |

    “(…) la asfixia de la monotonía cargada de rostros y subjetividades que maltratan y devastan la energía (…) ni padecer los roles establecidos (…)” Qué cierto, por eso tantas veces la soledad es la respuesta … cuando el miedo a estar solo nos invade “algo” está pasando, y sin embargo parece tan “normal”. No debemos condenarnos a convivir con este mundo “de baja altura” o de “bajo vuelo”, volemos, por lo menos quienes somos capaces de crear ese espacio para fugarnos cuando “se nos de la gana”.
    Besos

  2. Lector |

    Es cierto. A menos que uno tenga alas, no hay medio que permita evitar descender. Tu enumeración, puesta así, en papel, es deprimente. Pero por fortuna no todo es una continuidad tan abrumadora en la vida y uno tiene que afrontar las cosas a su tiempo. Complejos, egos opacos, monotonías, roles… suena mal, suena feo, pero si es ajeno no es grave.
    Si me permitís, como hoy estoy optimista, te diría que puede ser casi un arte, un sendero prometedor, el hecho (los hechos) de esquivar el lugar común, de dejar que cada uno se ahogue en su hipocresía si así lo quiere, y poder llegar al final de la jornada con suficiente aire en los pulmones para poder respirar y poder decir. Sin tener que escaparnos a ningún lado.

  3. gozatusintoma |

    aplaudo tu optimismo!!! la posibilidad de creación de otro territorio en el espacio también es optimista!!!es alucinante!!! y hasta me atrevo a decir que forma parte del arte que proponés! en cuanto a la enumeración deprimente, estoy absolutamente convencida que me deprime aunque sea ajena!!

  4. Lector |

    Creo que hay una realidad impuesta y (también, además, ojalá) todo un entramado de hechos, cuerpos y sensaciones, que subyace en la ciudad, que está en alguna parte, y cuya percepción no es tan palpable, sino que se insinúa; quizás nos sugiere al oído, por ahí nos convence levemente. Si eso no es así, lo cotidiano se me ocurre demasiado vulgar y la vida no nos enamora, sino que andamos soportándola, nomás. ¿Querés un ejemplo? Mirá el acápite de tu blog y decime si más de cuatro (sólo cuatro pido) te dijeron lo maravilloso de esa obra de un pintor verdadero. Ayer estaba optimista, hoy descreo de la observación de las gentes.

  5. Lector |

    Por cierto (y me quedo con este texto y no con el que le siguió) acepté tu consejo de no perderme “En la soledad de los campos de algodón” y qué bueno haberlo hecho. Es interesante, creo que es un texto teatral ¿no?, y uno de los principios que lo hacen atractivo en mi opinión es el juego que dealer y cliente hacen entre humildad y arrogancia.
    No quiero aburrir, pero en tren de encontrar una frase dura, va esta: “Mi deseo, si lo hubiera, quemaría su rostro al expresárselo, le haría retirar las manos con un grito y usted huiría en la oscuridad como un perro que corre tan rápido que no se le ve la cola”.
    Es decir, es inevitable descender para volver a subir y esa acción lo condena a uno a caminar junto a lo que desde arriba no deseaba, pero ya que estamos, con el absurdo de dos movimientos que se anulan, me lo encuentro a usted, señor dealer, y le digo que no tengo deseo que pueda satisfacer y si lo tuviera, saldría corriendo. Mirá si eso no es artístico. Un pequeño histrionismo que le pone sal y relieve a la vida, digo yo…

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