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¿Las últimas fotos de la sequía?

Sábado, 22 de Agosto de 2009

 

El arroyo Golondrina cruza la ruta 98, entre Vera y Tostado. Hace meses que está completamente seco, como la laguna La Loca, La Tigra y casi todos los cursos de agua de los Bajos Submeridionales. Ni siquiera hay un poco de barro o algún charco “salteado”.

Un informe del INTA Reconquista, que ya tiene algunos meses, sigue siendo una buena herramienta para comprender el impacto social y productivo de esta larga etapa de sequía.

Brevemente, repasamos el resumen que hacen los técnicos del INTA (el trabajo completo se puede leer aquí).

- La sequía actual es la más grave desde 1960 y se suma a cinco años consecutivos con precipitaciones por debajo de la media.

- Las dos últimas campañas agrícolas fracasaron y dejaron sin financiamiento a las cooperativas de productores para encarar los cultivos de invierno y la nueva siembra de los granos gruesos.

- Hay familias de productores (sobre todo los más pequeños) que enfrentan dificultades para resolver su sustento diario.

 Es que es muy difícil sostener un esquema productivo en este paisaje desértico.

Los pronósticos climáticos anuncian que es muy probable que este escenario cambie. Por eso, en el título nos preguntamos si son las últimas fotos de este ciclo de sequía. Explican que se viene un año “Niño”, con lluvias intensas en la primavera y en el otoño. Esta es la base meteorológica en la que se apoyan los mercados para adelantar una muy buena campaña agrícola en la Pampa Húmeda.

La situación del norte es más extrema. Aquí el agua se necesita para ”reconstruir” las redes productivas y aliviar el sufrimiento de los animales y la gente.

El apogeo y la crisis de “los fierros agrícolas”

Lunes, 13 de Julio de 2009

 

Por Gastón Neffen - gneffen@ellitoral.com

La semana pasada viajamos a San Vicente para contar la crisis que atraviesa la fábrica de cosechadoras Bernardín, una de las pocas marcas nacionales clásicas que todavía resiste.

En el marco de ese trabajo estuvimos repasando la historia de Senor y Boffeli (también en San Vicente), Rotania y Magnano (en San Francisco), Araus (Noetinger), Susana, Vassalli Fabril (Firmat) y Giubergia (Venado Tuerto), entre muchas otras firmas.

Lo interesante es que encontramos un aporte muy relevante para comprender cómo surgió esta industria. Qué dificultades encontró para competir con las empresas extranjeras. Qué aportes hicieron los industriales argentinos al desarrollo tecnológico de este sector (la cosechadora automotriz y el cabezal maicero, por ejemplo).

Y también qué debilidades estructurales (insumos caros, sobre todo el acero, problemas en la escala y la forma de organización de las fábricas, entre otros cosas) caracterizaron a los talleres y fábricas nacionales de cosechadoras, tractores y sembradoras.

El trabajo lo escribió Damian Bil que es licenciado en historia y se llama “La industria argentina de maquinaria agrícola (1870-1975): evolución y problemas de su desarrollo”. Se puede leer on-line aquí.  

En realidad se trata de una investigación “en proceso”, porque Bil también está haciendo una Tesis de Doctorado sobre este tema (con beca del Conicet, en el Instituto Gino Germani UBA). Lo que nos parece interesante es que este trabajo se distancia de la tradicional mirada “nostálgica” y “romántica” sobre los pioneros nacionales de esta industria, y analiza los procesos económicos e históricos que afectaron a este sector con la metodología de las ciencias sociales.   

En esta nota del diario Crítica de la Argentina, Bil también relaciona la crisis actual de las fábricas de implementos agrícolas con los problemas históricos y estructurales del sector.

¿En el tambo alcanza con hacer las cosas bien?

Miércoles, 1 de Julio de 2009

Adelanto de la redacción de Campolitoral

 

Si el negocio lechero sigue en rojo, el tradicional tambo que la familia Pairetti (en la foto Víctor, Roberto y Fede Pairetti) tiene en Estación Clucellas, Santa Fe, podría sumarse a la larga lista de establecimientos lecheros que se cierran.

No se trata de un tambo chico. Roberto Pairetti (37 años) administra un establecimiento que produce 5.300 litros de leche por día, y podría estirarse hasta 7.000 litros si los números acompañaran. Pero no lo hacen, Pairetti asegura que están perdiendo entre 25.000 y 30.000 pesos por mes (contando las amortizaciones). “La sangría” de capital la aguantan con el negocio agrícola, pero es una alternativa que no se puede sostener “ad infinitum”.  

Con buena genética y una infraestructura en muy buen estado (el tambo se modernizó en 1998), Roberto armó un rodeo lechero que venía produciendo un promedio de 26 litros de leche por animal. “Ahora, las vacas están dando 23 litros porque tuvimos que reducir algunas proteínas en la alimentación (por ejemplo pellets de soja)”, admite Pairetti, con algo de bronca “Es un pecado bajar la calidad de la dieta justo en el momento en que las vacas convierten mejor la materia seca en leche”, reconoce. 

El campo se lo arrienda a valor soja a su padre. Aquí hace alfalfas, maíz para silo y trigo. El 80 por ciento de la alimentación depende del silaje y la suplementación. Las pasturas a campo complementan ese esquema. “De esta forma logramos una mayor estabilidad en la producción de leche durante todos los meses del año”, aclara Pairetti.  

Sin embargo este aceitado planteo lechero está en crisis. No es fácil notarlo cuando uno visita el tambo. Los tractores y los mixer trabajan a “full” para llevar los silos y forrajes a los distintos potreros. El guachero se nota cuidado y prolijo. Las distintas etapas de recría están claramente distinguidas (por corral) y hay una dieta bien diferenciada según las necesidades de cada vaquillona.

Pero en un tambo hoy parece que ya no alcanza con hacer las cosas bien. No es nuevo. Lo vienen diciendo los productores lecheros hace rato. Este sábado, en la edición impresa de Campolitoral, vamos a explorar a fondo el caso de la familia Pairetti. Es un muy buen ejemplo para entender cómo se ha complicado el negocio lechero en estos últimos meses.    

  

El peso electoral del campo

Lunes, 29 de Junio de 2009

Es posible que las elecciones legislativas del fin de semana pasado no sólo sean recordadas por la crisis de la hegemonía kirchnerista, tal vez herida de muerte, aunque en política nunca se sabe. Lo interesante es que pueden ser un punto de inflexión en la consideración política de la agenda del campo.

Este sector de la sociedad recuperó “peso estratégico” en la balanza de electoral. Hace un año y medio, el argentino medio, el que vive en las grandes ciudades, sólo tenía una mirada borrosa y confusa del campo. La que se puede tener desde la ventanilla de un auto cuando uno va de una ciudad a otra a más de 120 km por hora.

Ese escenario fue cambiando en todos estos meses -de reclamos y protestas- y eso se sintió en la campaña. Los políticos hablaron del agro en sus discursos, intentaron seducir a los cuadros de las entidades rurales y se preocuparon por plasmar una plan para el campo. Además, a partir del 10 de diciembre, el agro va a contar con 11 legisladores nacionales (10 diputados y una senadora) en el Congreso.

Es una muy buena oportunidad para que la Argentina analice con mayor profundidad cuáles deben ser los ejes de su desarrollo y su perfil agroindustrial, el molino que hace girar a toda su economía.

El campo necesita con urgencia un plan para la ganadería y otro para la lechería (dos sectores jaqueados por “la seca” y la falta de precios). Además, lo mayoría de los políticos de las provincias agropecuarias insisten en que es necesario volver a debatir la cuestión de las retenciones. Más allá del porcentaje de este polémico “derecho de exportación”, es clave encontrar un esquema redistributivo más federal y equitativo de estos recursos.

Esto debería ser lo más importante, más allá de la derrota del kirchnerismo, que los dirigentes rurales -y los productores- festejan porque el gobierno los confrontó bajo la lógica binaria “amigos-enemigos”.

El ocaso de la ganadería

Miércoles, 17 de Junio de 2009

Por Gastón Neffen

 

Esta foto la tomamos con Federico Aguer, en la costanera de Corrientes, un rato después de que terminara la jura de los grandes campeones Braford, en la exposición que todos los años se hace en la Sociedad Rural de esa ciudad.

Mientras tomábamos mate y comíamos chipá (del bueno, eh), nos pusimos a organizar las entrevistas que acabamos de hacer con varios de los referentes del negocio ganadero (cabañeros, veterinarios, productores y vendedores de insumos).

La versión digital de nota, que escribió sobre todo Federico -debo reconocer- la pueden leer acá: “Un clásico de la ganadería”.

Pero en la costanera de Corrientes nos quedamos pensando en varias cosas.

En primer lugar, es cierto que la producción de carne atraviesa el escenario más delicado de los últimos tiempos. Sequía, intervenciones y precios pisados, liquidación de vientres y recesión en la economía global.

Julio Busso, productor y asesor de cabañas, nos lo resumía en tres líneas.  “Los ganaderos chicos y medianos se están descapitalizando. No tienen más remedio. Mandan todo a faena, bajan la cantidad de animales por hectárea y compran menos toros”, nos explicaba. Cualquiera puede verlo si se da una vuelta por los campos del norte santafesino (para dar sólo un ejemplo).

Juan Baqué, director ejecutivo de la Asociación Braford Argentina, nos decía que lo más complicado es la sequía. “En realidad la situación económica y política ya estaba planteada, más abajo no se puede ir”, afirmaba. 

La otra cara de la ganadería es el notable crecimiento genético, que estuvo muy bien representado en la pista de la Sociedad Rural de Corrientes (participaron 42 cabañas de 11 provincias argentinas).

Las cabañas están exportando embriones y semen más allá del Mercosur, a países como Ecuador, Colombia y Venezuela. Además se están estrechando los lazos con las asociaciones de criadores de Brasil (el mayor productor mundial de carne), Paraguay y Uruguay; para homologar un Braford de esta región.

El futuro de la producción de carne en esta zona del Mercosur parece imparable (a pesar del huracán en contra). Un tercio del rodeo argentino ya está en los campos del norte (Corrientes, Formosa, Santiago del Estero, Tucumán, etc.).

Los ejes de este desarrollo son las razas sintéticas (Braford y Brangus) que garantizan adaptación a las condiciones más rústicas y buena aptitud carnicera. También las pasturas megatérmicas o subtropicales (Gatton Panic, Brachiaria, Panicum Coloratum y Mijo Perenme, entre muchas otras) que permiten aumentar la carga animal por hectárea.

No es poca cosa. Sobre todo porque hay que recordar que el mundo va a necesitar mucha más carne. Los especialistas en seguridad alimentaria advierten que la abundancia terminó y que nos encaminamos a un escenario en el que los recursos alimentarios y energéticos van a ser mucho más escasos.  

En este sentido, es muy interesante la nota que salió en la última revista del National Geographic en español: El fin de la abundancia, la crisis alimentaria global.

Pero para los ganaderos, el gran dilema parece ser cómo aguantar hasta que vuelva a salir el sol, o hasta que pase el invierno y vuelvan las lluvias.  

  

“La meta no es achicarse, hay que ser más eficientes”

Martes, 10 de Marzo de 2009

 

Entrevista con Ricardo Reddy, gerente general de Relmó

Relmó fue el primer semillero privado argentino que registró variedades de soja en los años 70’. Tiene su planta procesadora y su estación experimental en Maciel. Siempre fue un fuerte proveedor de semillas —sobre todo de soja y trigo— en el centro norte santafesino, en Chaco, en Entre Ríos y en Tucumán. La firma es el jugador más relevante en Paraguay y tiene cada vez más presencia en Brasil y Uruguay.

En Expoagro 2009, Ricardo Reddy, gerente general de la firma, explicó a Campolitoral que en un año de crisis la biotecnología es un aliado estratégico para ser más eficientes.

¿Cómo se encara un año complicado?

Es interesante lo que plantearon el gobernador Hermes Binner y el intendente de Rosario, Miguel Lifschitz, en la cena de apertura de Expoagro. En los momentos de crisis, las empresas que generan alimentos tienen que reforzar todas sus energías para aumentar los rindes y la producción. Lo que necesita el país es hacer 150 millones de toneladas de granos. Cuando la producción crece, como pasó en estos últimos años, las crisis se atemperan. En cambió cuando la producción cae, estés en la buena o en la mala racha, las cosas se complican para toda la cadena agroindustrial.

¿Qué debería hacer el “chacarero”?

El productor es un empresario. Y tiene que afinar la inteligencia para obtener el mayor rinde posible. Este es un año de productos, es obvio que no se puede desparramar (sembrar) cualquier cosa. La meta no es achicarse, hay que ser más eficientes. Y nosotros tenemos mucho que aportar para lograr ese objetivo.

¿Cómo esta parada la empresa frente a la crisis?

Nuestra empresa se refundo el año pasado (Pampa Agribusiness Fund invirtió varios millones de dólares para quedarse con el paquete accionario de la semillera). Relmó tiene una fuerte presencia en la Argentina, pero también en Paraguay, en donde tenemos la mayor participación. Y además estamos entrando fuerte en Brasil y Uruguay. En estos países la facturación es mayor porque no hay retenciones. Cuando vos estas complicado en un mercado es importante expandirte a otras regiones para compensar hasta que las cosas se acomodan. Nuestro producto más importante son las distintas variedades de soja.
¿Qué características tiene el mercado paraguayo?

El negocio agrícola está cada vez más organizado en Paraguay. Los productores son muy inteligentes y hay que tener en cuenta que hay muchas inversiones brasileñas. Nosotros acá sembramos soja a granel. Las bolsas se clasifican pero las semillas se implantan sin diferenciar los tamaños. Allá en cambio las calibran para que tengan todas las mismas dimensiones. Este trabajo hace que puedan bajar en 30 kilos la cantidad de semillas que usan por hectárea. Así reducen los costos de semillas y de flete, entre otras cosas. Es evidente que estos agricultores están muy influenciados por la cultura agrícola del sur de Brasil que está en plena expansión.

Tamberos, con acento venezolano

Martes, 21 de Octubre de 2008

 Por Gastón Neffen gneffen@ellitoral.com

 

José Alberto Cambero es un veterinario venezolano que vino al INTA Rafaela para aprender de producción lechera. Este funcionario del Instituto Nacional de Tierras de Venezuela es parte de una delegación de más de 30 técnicos y productores que estuvieron tres semanas en la Argentina, en el marco del convenio estratégico que acordaron ambos países.Aquí les adelantamos algunos fragmentos de la entrevista que le realizó Campolitoral (se publica el próximo sábado). ¿Qué desafíos enfrentan los tamberos venezolanos?

Tenemos varios problemas. En primer lugar, los tamberos no llevan registros de su producción. Por eso, no podemos evaluar ni comparar los resultados. Es un sector que debe profesionalizarse. Pero hay que tener en cuenta que son muy pequeños productores (de 5 a 20 animales). La idea es aprovechar la experiencia que tienen ustedes en el manejo, en la planificación y en la organización de la producción lechera, porque los ambientes ecológicos son muy distintos.

¿Cuáles son las diferencias?

En Venezuela no tenemos estaciones. Siempre hace la misma temperatura y hay la misma duración de luz solar. Esto debería ser una ventaja. Se podrían producir alimentos vegetales durante todo el año, también forrajes para la ganadería, pero tenemos que ajustar nuestros esquemas productivos.
 

¿Qué pasa con la calidad de los suelos?

Son muy pobres. Las suelos de nuestros llanos son “lavables” durante todo el año. Las lluvias los erosionan y quedan muy pocos nutrientes. El agua corre y se lleva todo. Esta situación nos obliga a trabajar mucho con alimentos concentrados, porque las pasturas no son buenas. Esto complica los costos en los tambos.

El norte, a la espera del desarrollo

Viernes, 26 de Septiembre de 2008

Por Juan Manuel Fernández 

Con la vuelta del clima semiárido, el norte santafesino empieza a desengañarse del espejismo agrícola y ahora se encuentra en mitad del río con la acuciante disyuntiva de seguir braceando hacia adelante o volver a la orilla a retomar la ganadería, la caña o el algodón.

La fase húmeda instalada en la Argentina desde mediados de los 70 incrementó considerablemente los promedios de lluvia y favoreció la expansión de cultivos como la soja y el trigo sobre tierras que originalmente no eran aptas. Otros incentivos fueron, el boom de los commodities que incrementó exageradamente el precio de los granos, la inercia de los gobiernos provinciales a la hora de planificar el desarrollo territorial y, últimamente, el empecinamiento del Estado nacional en desalentar toda producción que replique en el valor de la canasta básica.

En los departamentos santafesinos General Obligado, Vera y 9 de Julio, lindantes con la provincia de Chaco, ese cóctel derivó en el retroceso del área algodonera o la agonía de la cuenca cañera.

Mientras la peor sequía en muchas décadas sigue sacrificando animales y obliga a las fuerzas vivas a recolectar agua en campañas solidarias para que la población pueda hidratarse, el campo y la ciudad siguen sin comprender cómo pueden tener tanta sed estando a pocos kilómetros del río Paraná, el segundo más caudaloso del mundo. Los anuncios de acueductos llegaron tarde.

La cuenca cañera santafesina abarca 51.000 hectáreas de las cuales el 6,2 % tienen una aptitud productiva Alta, el 38,6 % de aptitud Media-Alta y un 55,1 % de aptitud Media-Baja. En esa superficie, el 62% de la tierra la ocupan la soja y el girasol, que a su vez generan el 65% del producto bruto, mientras que sólo el 14% de la superficie y el 35% del valor total corresponden a la caña de azúcar.

Estos números favorecen a los granos, pero ninguna de las 3.000 familias (alrededor de 10.000 personas) que dependen en forma directa de la cadena del azúcar (entre productores, industriales, braseros u obreros de los ingenios) ven un sólo peso proveniente de la agricultura tradicional.

El Programa de Reconversión Productiva de la Cuenca Cañera Santafesina, elaborado por la Mesa Azucarera, propone el aprovechamiento de los recursos para potenciar la economía regional. El pilar fundamental es la incorporación del riego para hacer previsible la caña (ponerla a salvo de la sequía) e incorporar un segundo cultivo, el sorgo, que sea materia prima para que los ingenios trabajen todo el año y no sólo los dos meses de zafra de la actualidad.

El objetivo es elevar la superficie cañera hasta 11.000 hestáreas (hoy son 7.000) e incorporar sorgo granífero y azucarado. De esa manera, la canasta de productos que ofrecerá la zona estarán compuestos principalmente por alcohol y azúcar, que representarán un 44 y 28 % del valor económico generado anualmente en la región, manteniendo soja y girasol una incidencia de alrededor del 25 % en el valor generado.

Los nuevos clientes del campo argentino

Jueves, 11 de Septiembre de 2008

En un año complicado por la sequía y las tensiones con el Gobierno, levantar la mirada y analizar el mediano plazo es imprescindible para no desesperarse con la coyuntura.

Juan Llach (IAE-Universidad Austral) y Marcela Harriague presentaron un trabajo que vuelve a confirmar que la cadena agroindustrial argentina tiene fuertes condiciones para crecer impulsada por la demanda mundial de alimentos que será liderada por los países en desarrollo.

El estudio se titula “La demanda mundial de alimentos 2005-20: una oportunidad sin precedentes” y fue presentado la semana pasada por la Fundación Producir Conservando.

Aquí se plantea que África, América Latina y los países asiáticos (con China e India como puntas de lanza) son “los nuevos clientes” por su protagónica participación global en el aumento del consumo de carne (vaca, pollo y cerdo), leche, soja, maíz, trigo y cítricos.

Esto sucede porque los habitantes de estos países (son el 60% de la población mundial) están mejorando sus ingresos económicos y sus condiciones de vida.  “La gran oportunidad para la Argentina” se consolida porque Llach y Harriague creen que “el desarrollo de la gran mayoría de los países emergentes y en desarrollo ha llegado para quedarse”.

Y avisan que aún en escenarios de crecimiento moderado (y sin tener en cuenta la demanda adicional para biocombustibles) el boom del consumo mundial de alimentos es altamente probable que exceda las proyecciones existentes. “Si esto se confirma, también es probable que los precios altos de los alimentos se sostengan por bastante tiempo”, agregan.

La exposición del trabajo terminó con una serie de conclusiones y recomendaciones. Entre otras cuestiones, Llach y Harriague afirmaron que la Argentina debería:

- Dar un salto cualitativo en su posicionamiento como productora y exportadora de alimentos de clase mundial, sin excluir otras producciones.

- Definir instancias institucionales que permitan debatir el futuro del país para acordar políticas de Estado. Los conflictos sobre las políticas agroalimentarias reaparecen cíclicamente por eso son necesarios ámbitos de negociación y concertación.

- Estimular la diferenciación de productos, el valor agregado y los racimos productivos (“clusters”)

- Establecer incentivos para hacer compatible el crecimiento con la biodiversidad productiva.

El estudio completo puede bajarse aquí. También hay investigaciones muy interesantes sobre fertilizantes e infraestructura, producción de granos y el aporte tributario de la cadena agroindustrial, entre otros trabajos.

En el suplemento del próximo sábado vamos a ampliar este post.

Malas noticias para el maíz

Sábado, 30 de Agosto de 2008

La intención de siembra de maíz cayó un 15% en la zona núcleo según el último informe de la Guía Estratégica para el Agro (GEA), que elaboran los técnicos de la Bolsa de Comercio de Rosario. La principales causas son el fuerte aumento de los insumos y la reciente depreciación en la cotización internacional del cereal.

En la mayor parte de los campos alquilados, el rendimiento mínimo que tiene que obtener un productor para cubrir los costos supera los rindes promedio de las zonas. Por eso, para muchos chacareros la soja va a ser la alternativa más viable.

El costo de implantación de una hectárea de soja ronda el 50% del costos de una hectárea de maíz y sus rindes no son tan exigentes desde el punto de vista productivo.

Hay dos cuestiones que podrían atenúan la caída en la intención de siembra. En primer lugar, muchos productores ya compraron la semilla de maíz anticipadamente en la precampaña y algunos han realizado barbechos químicos que sólo permiten la implantación de este cereal.

La segunda cuestión es que muchos agricultores necesitan sembrar maíz para hacer una rotación sustentable -con la mira en el largo plazo-.

Pero los técnicos rosarinos advierten que la balanza podría inclinarse todavía más hacia la soja si no se producen las lluvias necesarias para la implantación del maíz, cuya fecha óptima -en la zona núcleo- se ubica entre septiembre y octubre.