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Archivo de Septiembre de 2008

El norte, a la espera del desarrollo

Viernes, 26 de Septiembre de 2008

Por Juan Manuel Fernández 

Con la vuelta del clima semiárido, el norte santafesino empieza a desengañarse del espejismo agrícola y ahora se encuentra en mitad del río con la acuciante disyuntiva de seguir braceando hacia adelante o volver a la orilla a retomar la ganadería, la caña o el algodón.

La fase húmeda instalada en la Argentina desde mediados de los 70 incrementó considerablemente los promedios de lluvia y favoreció la expansión de cultivos como la soja y el trigo sobre tierras que originalmente no eran aptas. Otros incentivos fueron, el boom de los commodities que incrementó exageradamente el precio de los granos, la inercia de los gobiernos provinciales a la hora de planificar el desarrollo territorial y, últimamente, el empecinamiento del Estado nacional en desalentar toda producción que replique en el valor de la canasta básica.

En los departamentos santafesinos General Obligado, Vera y 9 de Julio, lindantes con la provincia de Chaco, ese cóctel derivó en el retroceso del área algodonera o la agonía de la cuenca cañera.

Mientras la peor sequía en muchas décadas sigue sacrificando animales y obliga a las fuerzas vivas a recolectar agua en campañas solidarias para que la población pueda hidratarse, el campo y la ciudad siguen sin comprender cómo pueden tener tanta sed estando a pocos kilómetros del río Paraná, el segundo más caudaloso del mundo. Los anuncios de acueductos llegaron tarde.

La cuenca cañera santafesina abarca 51.000 hectáreas de las cuales el 6,2 % tienen una aptitud productiva Alta, el 38,6 % de aptitud Media-Alta y un 55,1 % de aptitud Media-Baja. En esa superficie, el 62% de la tierra la ocupan la soja y el girasol, que a su vez generan el 65% del producto bruto, mientras que sólo el 14% de la superficie y el 35% del valor total corresponden a la caña de azúcar.

Estos números favorecen a los granos, pero ninguna de las 3.000 familias (alrededor de 10.000 personas) que dependen en forma directa de la cadena del azúcar (entre productores, industriales, braseros u obreros de los ingenios) ven un sólo peso proveniente de la agricultura tradicional.

El Programa de Reconversión Productiva de la Cuenca Cañera Santafesina, elaborado por la Mesa Azucarera, propone el aprovechamiento de los recursos para potenciar la economía regional. El pilar fundamental es la incorporación del riego para hacer previsible la caña (ponerla a salvo de la sequía) e incorporar un segundo cultivo, el sorgo, que sea materia prima para que los ingenios trabajen todo el año y no sólo los dos meses de zafra de la actualidad.

El objetivo es elevar la superficie cañera hasta 11.000 hestáreas (hoy son 7.000) e incorporar sorgo granífero y azucarado. De esa manera, la canasta de productos que ofrecerá la zona estarán compuestos principalmente por alcohol y azúcar, que representarán un 44 y 28 % del valor económico generado anualmente en la región, manteniendo soja y girasol una incidencia de alrededor del 25 % en el valor generado.

Los nuevos clientes del campo argentino

Jueves, 11 de Septiembre de 2008

En un año complicado por la sequía y las tensiones con el Gobierno, levantar la mirada y analizar el mediano plazo es imprescindible para no desesperarse con la coyuntura.

Juan Llach (IAE-Universidad Austral) y Marcela Harriague presentaron un trabajo que vuelve a confirmar que la cadena agroindustrial argentina tiene fuertes condiciones para crecer impulsada por la demanda mundial de alimentos que será liderada por los países en desarrollo.

El estudio se titula “La demanda mundial de alimentos 2005-20: una oportunidad sin precedentes” y fue presentado la semana pasada por la Fundación Producir Conservando.

Aquí se plantea que África, América Latina y los países asiáticos (con China e India como puntas de lanza) son “los nuevos clientes” por su protagónica participación global en el aumento del consumo de carne (vaca, pollo y cerdo), leche, soja, maíz, trigo y cítricos.

Esto sucede porque los habitantes de estos países (son el 60% de la población mundial) están mejorando sus ingresos económicos y sus condiciones de vida.  “La gran oportunidad para la Argentina” se consolida porque Llach y Harriague creen que “el desarrollo de la gran mayoría de los países emergentes y en desarrollo ha llegado para quedarse”.

Y avisan que aún en escenarios de crecimiento moderado (y sin tener en cuenta la demanda adicional para biocombustibles) el boom del consumo mundial de alimentos es altamente probable que exceda las proyecciones existentes. “Si esto se confirma, también es probable que los precios altos de los alimentos se sostengan por bastante tiempo”, agregan.

La exposición del trabajo terminó con una serie de conclusiones y recomendaciones. Entre otras cuestiones, Llach y Harriague afirmaron que la Argentina debería:

- Dar un salto cualitativo en su posicionamiento como productora y exportadora de alimentos de clase mundial, sin excluir otras producciones.

- Definir instancias institucionales que permitan debatir el futuro del país para acordar políticas de Estado. Los conflictos sobre las políticas agroalimentarias reaparecen cíclicamente por eso son necesarios ámbitos de negociación y concertación.

- Estimular la diferenciación de productos, el valor agregado y los racimos productivos (“clusters”)

- Establecer incentivos para hacer compatible el crecimiento con la biodiversidad productiva.

El estudio completo puede bajarse aquí. También hay investigaciones muy interesantes sobre fertilizantes e infraestructura, producción de granos y el aporte tributario de la cadena agroindustrial, entre otros trabajos.

En el suplemento del próximo sábado vamos a ampliar este post.