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Archivo de Junio de 2008

¿Por qué la cola cada vez es más larga?

Lunes, 30 de Junio de 2008

La semana pasada miles de camiones congestionaron los accesos a las terminales portuarias. En la circunvalación de Rosario, los transportistas hacían cola desde el comienzo de la autopista hacia Santa Fe hasta el acceso a la Playa Pérez (unos 15 kilómetros), que estuvo a tope durante todos estos días.

En promedio, los camioneros esperaron un día para descargar sus granos. Además, congestionaron el tránsito en las rutas. En la 33 (Rufino-Rosario) y en la 14 (San Gregorio-Pérez) era muy peligroso circular porque había que pasar largas caravanas de camiones.

Es obvio que esta situación se produce porque el comercio de granos estuvo casi paralizado durante los tres meses de paros, piquetes y protestas. Y ahora, vienen todos los camiones juntos. Pero el paro no hizo más que profundizar los crónicos problemas que tiene la infraestructura de cargas en la Argentina.

Casi el 80% de los granos que exporta el país se embarcan en los puertos cercanos a Rosario. El 85% se traslada en camiones viejos (el 75% se patentaron antes de 1980), 14% en ferrocarril y 1% en barcazas, según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario.

En los países más desarrollados, los granos que están a más de 500 kilómetros de los puertos se llevan en ferrocarril, medio que concentra -por lo menos- el 50% del transporte de cargas (esquema que se respetaba en la Argentina hace 50 años). Los camiones son más flexibles -y más baratos- para las distancias más cortas.

Todos los expertos en infraestructura vial y de cargas coinciden en que el país debe pensar una estrategia de mediano plazo para que los camiones no se sigan acumulando en las banquinas y las rutas dejen de ser un peligro para todos.

En febrero de este año, Campolitoral elaboró un informe especial para conocer mejor las debilidades de este peligroso embudo: “Un cuello de botella cada vez más angosto”.

Trigo: ¿la peor campaña en 15 años?

Lunes, 16 de Junio de 2008

A principios de mayo, un vendedor de insumos agrícolas de Humboldt le dijo a Campolitoral que el trigo era el cultivo que más castigo podría sufrir por el tenso escenario político. Su hipótesis comienza a confirmarse. El último informe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires estima que se sembrarían 500.000 hectáreas menos que la campaña pasada (en total, 4,8 millones de hectáreas).

Esta extensión supone un recorte del 12,7% respecto al ciclo agrícola 2007/8”, precisa el informe de la bolsa porteña. Si estás cifras se confirman, la superficie sembrada sería la más baja de los últimos 15 años (en 1992 se implantaron 4,5 millones de hectáreas).

Pero el largo conflicto no tiene toda la culpa. La siembra de trigo también está jaqueada por la falta de humedad. El clima seco continúa dominando el escenario climático en casi todas las regiones trigueras”, dice la bolsa. Hay ejemplos bien concretos.

En la zona de Morteros y Brickmann sólo llego a implantarse un 65% del área proyectada. En Casilda y Arequito hace casi una semana que prácticamente no se siembra. Y en las ricas tierras del sur santafesino (Venado Tuerto, Rufino), el área ocupada por el cereal apenas llega al 40% de lo que se había previsto.

Obviamente, la partida no está definida. Los productores todavía pueden optar por las variedades de ciclo corto. Pero existe el riesgo de que decidan esperar mejores condiciones climáticas y un contexto político más favorable para apostar todos los porotos a la soja de primera.

Hay que recordar que la Argentina está entre los cinco mayores exportadores mundiales de trigo. Cada campaña se producen cerca de 15 millones de toneladas. Un tercio se consume en el mercado interno y el resto se exporta. El 60% se cosecha en la provincia de Buenos Aires. Santa Fe y Córdoba aportan un 30% más, y el 10% restante lo siembran Entre Ríos y La Pampa, entre otras provincias.

Postales de la sequía

Viernes, 6 de Junio de 2008

Definir a los Bajos Submeridionales como un humedal ahora parece una mala broma. Cualquiera que salga de Vera y tome la ruta 98 va a poder comprobar por qué. Apenas se cruza el arroyo Golondrina (límite este de los bajos) uno se da cuenta de que falta algo. Falta el agua. La laguna El Bonete es un inmenso charco de unos pocos centímetros, en el que “caranchean”, solitarios, un par de flamencos. Más al norte la foto es peor. La laguna La Loca no tiene nada de agua y se puede recorrer en camioneta, como si fuera un desierto.

En los bajos hay miles de cabezas de ganado (se supera fácil el millón de animales). Muchas son “vacas corridas” por los cultivos agrícolas de las fértiles llanuras de la pampa húmeda. En la laguna La Tigra, los productores cuentan que mueren a montones por la sequía. Lógicamente, las que no perecen pierden mucho peso y cae el índice de preñez.

Aquí la lluvia es esencial y en lo que va del año sólo se desparramaron unas gotas. El agua subterránea es muy salina y no suele servir para los animales. A veces ni siquiera se puede usar para limpiar. La sal oxida las aberturas de las ventanas y deja los pisos cubiertos por una fina capa blanca.

Dos ministros del gobierno provincial recorrieron esta semana las zonas afectadas. Organizaron la asistencia a los productores y sobre todo a la gente, que en en pleno siglo XXI necesita que le lleven el agua hasta cada pueblo porque no acceden a una red potable.

El contraste con la capital de la provincia es fuerte. Santa Fe tiene servicio de red hace más de cien años. Antonio Ciancio y Juan José Bertero, ministros de Agua y Servicios Públicos y de la Producción, deberían llevarse una conclusión bastante obvia.

En los bajos y en una buena parte de la cuña boscosa, este escenario no se va a modificar hasta tanto no se construyan los acueductos. Además, los esquemas productivos no van a despegar hasta que se consensuen planes maestros de desarrollo sustentable para la ganadería y el resto de las actividades regionales (apicultura, carbón, leña, etc.).